Trece camiones muertos. Asesinados. Trece elefantes
que se inclinaron ante los ojos de sus dueños o choferes cuando el fuego les
consumió lentamente la vida.
Una máquina que se estremecía llena de vida cada
mañana, cada día. Una máquina que nos ofrece su fuerza para realizar un
trabajo, una máquina que nos lleva donde queramos, un máquina fiel que solo
pide un buen trato y atención a sus necesidades básicas. Una máquina que muchas
veces es el único instrumento para llevar el sustento a una familia. ¿Todo esto lo sabrá el encapuchado, símbolo de
la cobardía, y que borracho de ideales enciende la bomba “molotov”, palabra nacida
en la cuna de la aberración, y la lanza inflamándose como un ángel de la
muerte?

